sábado, 9 de marzo de 2013

Día internacional de la mujer (trabajadora)...

En la entrada de este día el año pasado conté de donde viene la celebración de este día y este año quiero que una gran escritora nos deje un cuento que algún día se vuelva realidad.





El correpasillos


Al poco de nacer, pasados unos pocos meses de nuestra existencia, estamos deseando ponernos de pie para poder empujar ese objeto de deseo maravilloso que nos atrae con sus brillantes colores. Nos lo ponen delante para que piquemos y sin saber porqué caemos como tontas en el anzuelo. Y allí vamos con miedo pero agarradas a nuestro correpasillo.

Nos miran y nos aplauden por haber sido tan valiente. Nuestra niña ya sabe empujar. Por fin está iniciada. Ya todo será “coser y cantar”.

Luego llegó el cochecito. ¡Qué felicidad llevar a mi muñeco de paseo! Nos juntábamos unas pocas de amigas todas con nuestros cochecitos y nuestros “bebes”. Estábamos muy orgullosas y felices. Era lo que más nos gustaba.

Pasó el tiempo, muchas cosas sucedieron pero la más importante fue que me casé. Ahora empujaba un cochecito con dos bebes de verdad y los dos míos. A veces soltaba el cochecito y cogía el carro de la compra. ¿Que qué es eso? Pues es un artilugio, actualmente la mayoría de las veces de cuatro ruedas, que sirve para aliviar el peso cuando sales a hacer compras. Dispone de una bolsa que parece grande y que se queda pequeña cuando vas al supermercado, luego a comprar el pan, luego a la frutería y luego a la pescadería. Has de ser muy hábil al ir guardando lo comprado de forma correcta, porque si no, al llegar a casa te encuentras con una tortilla de tomates lista para meter en un puré de pan. Mientras vas llegando, empujando el carro maravilloso y con tres bolsas más que no entraron, rezas porque esas nubes negras que se ven no acaben por dejarse notar. Sucede a veces que no escuchan tus ruegos y empieza a llover. ¡Divino carro!, no pensaron en lo de la lluvia y allá va el ama de casa mojada y empujando el carro.

Una vez en casa hay que guardarlo todo en su sitio. Mientras terminamos de recoger, nuestro querido marido viene a la cocina, abre el frigorífico y nos dice ¿cariño, no has traído cervezas?

Es entonces cuando me acuerdo del señor, porque tuvo que ser un señor, quien inventó el carro.

Continúa pasando la vida y sin darnos cuenta nos toca ahora empujar el cochecito de los nietos.

Pero, ¿por qué se me ocurrió agarrar aquel correpasillo? Si en realidad, a pesar de lo llamativo, la cara del oso me daba miedo.

Pensaba, bueno seguro que pronto me llegará el momento en que tenga tiempo para mí, sin tener al fin que sujetar ningún artilugio con ruedas.

Y aquellos pensamientos, por mucho que me empeñé, nunca llegaron a hacerse realidad, porque eme aquí reunida con mis amigas, paseando, tomando el sol del invierno, sujetando con fuerzas y empujando mi andador.

Moraleja: no se te ocurra nunca comprarle un correpasillos a tu hija.

PD: me encantaría poder generalizar y decir a nuestros hijos, pero de momento y aún, somos mayoría a la hora de empujar este tipo de artilugios, creados sin duda por un diablo masculino que disfruta viéndonos en tales circunstancias.

Autora :  Escritora Pepa Gonzalez Ramirez

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